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7 – Qué es el Aura (parte 1)

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Conocer el Aura es fundamental para poder evolucionar y aprender técnicas psíquicas, porque es parte de nuestra energía y de nuestra conciencia mucho más de lo que parece. Antes de comprender cómo es, si tiene un color y cuál es su utilidad, hay que tomar conciencia de lo que es y por qué todos la poseen.

El aura es un campo energético que todos tenemos, ya que se trata de nuestra energía personal.

Podemos compararlo con un vestido que nos hemos puesto, aunque el aura no se puede quitar o cambiar de un día para otro, sin embargo, se puede modelar y modificar con el tiempo. En la mayor parte de las personas se queda igual, pero aquellos que son conscientes de poseerla y de poder cambiarla también a voluntad con el uso de precisas técnicas, la modelan para que pueda aparecer de la forma en la que ellos decidan que los demás tengan que verla.

Digamos que una persona que lleva ropa elegante, por ejemplo, un vendedor de puerta en puerta con traje y corbata, se presenta delante de vuestra casa.

El hombre en cuestión podría ser una buena persona que está haciendo un trabajo honesto y leal, o podría ser un estafador ávido y egoísta que sólo piensa en sí mismo, aunque tenga que engañar a la gente, y que, sin embargo, con su bonito traje y un lenguaje estudiado específicamente para parecer interesante y atractivo, podría conseguir engañar a los desventurados que se han dejado convencer por su buena apariencia. Este hombre podría ser la peor persona del mundo, pero con su elegante vestuario y el habla fluido, podría hacer creer a muchísima gente que es una muy buena persona, culta y justa, de buenos principios y de los mejores valores. Pues bien, el bonito traje y la presentación ordenada podrán engañar a muchísimos desventurados que se basarán únicamente en las apariencias. El aura es un poco como la ropa que llevas todos los días, aunque es energética y no se puede quitar al día siguiente.

Muchísimas personas se dejan engañar por el vestido que llevas puesto, porque están acostumbrados a pararse en la primera capa que ven de ti. Aun siendo una buena persona, si te pusieras un vestido descuidado, ensuciado por el trabajo o muy arruinado por los excesivos daños sufridos en la lavadora, te juzgarían de manera muy diferente respecto a cómo te verían y tratarían si llevaras un vestido elegante y bien curado, a pesar de que la persona debajo de la ropa eres siempre tú. Esto también sucede a quienes te juzgan por la apariencia de tu aura, independientemente de que esté sucia por los crímenes que has cometido o estropeada por las injusticias de otros que has tenido que soportar y que la han arrugado. En realidad, tú también formas parte de este grupo de personas. De hecho, cuando le miras a alguien delante de ti, no estás viendo realmente su pelo, su sonrisa y la forma de su cuerpo como crees que estás haciendo, sino que estás mirando, o más bien percibiendo, su aura y nada más que su vestido energético que no se puede quitar, pero que puede moldear si es consciente de poseerlo. Como la mayoría de las personas, no te das cuenta de lo que estás viendo, y, sin embargo, tu juicio también se basa en la apariencia y no en la profundidad de la persona.
Incluso antes de ver su vestido, la primera cosa que notarás, inconscientemente, será su aura, es decir, el campo energético que le pertenece, aun sin saberlo. El aura es muy importante porque se trata de su presentación en un contexto. Dependiendo de su energía, podrías ver a alguien que, a pesar de ser muy guapo estéticamente, de cuidarse y vestirse de manera elegante, tenga un aura que emana desconfianza, engaño, algo de lo que hay que tener cuidado; esa persona no te gustará para nada. ¿Conoces el dicho “aquí hay gato encerrado” o “me huele a mentira”? Estas expresiones se basan en esa sensación que está ahí, aunque no se vea, y sin embargo la sientes tan bien que sabes que está ahí a pesar de no verla con los ojos. Esto se debe a su aura.

La presencia del aura se puede modificar, así como un bonito vestido podría ocultar una persona despiadada; el vestuario elegante y refinado podría hacer creer que se trata de una buena persona, pero nuestras sensaciones podrían decirnos todo lo contrario. Por esta razón tenemos que ir mucho más allá de la capa que se nos presenta, al igual que no debemos juzgar a alguien por la ropa que lleva.

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Como se suele decir, el hábito no hace al monje, por lo tanto, no bastaría con ponerse un bonito vestido para convertirse en una persona generosa y sincera; del mismo modo, hay que superar la primera sensación que nos produce el aura, ya que ella también nos podría engañar. Algunas personas muy empáticas podrían percibir inmediatamente si la persona que tienen delante es sincera y buena o falsa y negativa, incluso sin mirarla a la cara; sin embargo, hay quienes son conscientes de poseer un aura y saben cómo usarla, por lo que podrían ser capaces de modelarla para engañar hasta a los que normalmente nunca se equivocan.

El aura es una masa de energía que te pertenece y te representa desde siempre, es como tu cuerpo físico que tiene un aspecto exterior, pero también toda una serie de elementos internos como órganos, huesos, músculos, etc. De hecho, el aura no es solamente un envoltorio sutil y vacío por dentro, sino un campo energético colmado y sustancioso, con la única diferencia de que no lo vemos porque nos resulta invisible. El aire también es invisible, y cada día nos olvidamos de su existencia, pero ella siempre está aquí y nosotros seguimos respirándola, de la misma manera en la que seguimos utilizando inconscientemente nuestra aura y somos influenciados por la de los demás. Los que se dan cuenta de poseer un aura, de poder modificarla y utilizarla, consiguen mejorar considerablemente su vida, a diferencia de la mayor parte de los inconscientes que siguen padeciendo los errores de su propia aura y la de los demás. Se puede notar que a menudo en los dibujos e imágenes en la web se representa como un estrato de energía que está distante de nuestro cuerpo físico, como si lo rodease, pero sin tocarlo, casi como si ni siquiera nos perteneciese. En realidad, el aura es mucho más profunda de lo que se piensa, porque es parte de nuestra propia Alma. De hecho, el aura es el conjunto de nuestra energía, de nuestros recuerdos, de nuestros sufrimientos, de nuestros problemas, es la representación de lo que somos, lo que nos han llevado a ser o lo que queremos parecer a los ojos de los demás. Sin embargo, el aura posee varios estratos, entre los cuales algunos muy internos y otros mucho más externos. Cuando estamos mirando a una persona, estamos siendo influenciados por sus estratos externos, los que están más cerca de nosotros y más lejos para ella. En cambio, cuando decidimos ir más allá de las apariencias y nos esforzamos de superar esas barreras que protegen los estratos más internos, podemos conocer las verdaderas intenciones y la verdadera persona que se esconde detrás de esas capas, a veces para protegerse del mal, otras veces para engañar al prójimo.

Por la misma razón por la que no se debe juzgar a alguien por el vestido que lleva puesto, no deberíamos tampoco juzgarle por el color de su aura. Mucha gente está convencida de que se puede reconocer a alguien según su color, ¡pero esto es muy lejos de la realidad! El aura no es sólo un color, sino un conjunto infinito de factores que componen nuestra área de energía y que la hacen única, independientemente del color que podría ser similar al de otra persona totalmente diferente de nosotros en todos los sentidos. De hecho, el aura tampoco es solamente el perímetro que nos rodea, sino toda el área interna que se llena de energía. Dado que el número de colores en esta dimensión es limitado, podríamos creer que existen solamente auras de color verde, azul, naranja y amarillo, porque estos son los colores más típicos que se suelen ver, acabando así por estructuralizar la personalidad de las personas, pudiendo dividirse en muy pocos grupos. Cada persona es muy distinta de las demás porque ha vivido distintas experiencias, ha reaccionado de una manera diferente, ha vivido los problemas y los momentos felices de forma contraria a muchos otros. Aunque podríamos ver el aura de color rojo a dos o más personas, podrían ser completamente distintas entra ellas tanto en carácter, en estilo de vida, en salud. Conocer y ver las auras son dos capacidades muy diferentes, como la capacidad de ver un buen bocata y la de comérselo. Poder ver el aura es una experiencia maravillosa, porque te permite conocer un nivel de la realidad que antes no creías que existía. Ver las auras te permite ver con tus propios ojos otras dimensiones y darte cuenta de que existen otros principios de vida, pudiendo captar algunas señales. Pero esto no quita el hecho de que solamente mirándolas no se puede entender cómo funcionan y el significado que tienen, porque podrías limitarte por la simple apariencia.

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De hecho, gran parte de los espirituales se paran en el primer estrato: muchos ven el aura y la juzgan por su color, como si eso fuera suficiente para conocer perfectamente a la persona que tienen delante, si bien podría tratarse de un completo desconocido que acaban de encontrar. ¡A menudo las apariencias engañan!

El aura es una energía muy intensa que se puede ver a simple vista, decidiendo aplicarse a diario a la práctica de específicos ejercicios para poder verla.

Ver el aura es muy importante, porque te sorprende y te abre los ojos, en todos los sentidos, hacia otras áreas de verdad que antes ignorabas. Nuestra vista tiende a ocultar lo que nosotros decidimos ignorar, al igual que nuestro oído esconde lo que no queremos oír. Por ejemplo, cuando nos focalizamos en algo que nos gusta mucho o que captura completamente nuestra atención, perdemos la capacidad de oír o ver cualquier otra cosa, porque estamos tan centrados que perdemos la conciencia del resto de lo que nos rodea. Si ahora cerrases los ojos no sabrías describir tu habitación hasta el más mínimo detalle, a pesar de haberla vista miles y miles de veces. Esto se debe a que no estabas concentrado y, aunque con los ojos abiertos podrías ver gran parte de la habitación, incluso manteniendo los ojos fijos en un único punto, gracias a la visión periférica, la has ignorado hasta ahora, y seguirás haciéndolo simplemente por costumbre. Por la misma razón, sigues ignorando muchísimos acontecimientos, cambios y movimientos que ocurren a tu alrededor, y que sigues sin ver por tu propia elección. Por lo tanto, podrías dejar de darte cuenta de ellos y a la larga olvidarte por completo de su existencia. En este momento podrías no recordarte la forma y el color del reloj colgado en la cocina o de otro objeto para ti de poca importancia, porque después de tantos años que lo has estado ignorando, hoy hasta has dejado de verlo. Pero en el exacto momento en el que decides volver a dar importancia a lo que ves y centrarte en los detalles, todos los objetos desaparecidos de tu vista vuelven a aparecer y te recuerdan su presencia. Del mismo modo funciona el aura.

Cuando decides ver las auras, le estás dando permiso a tu vista de ver el campo energético de otras personas, animales e incluso objetos, porque todo es energía y todo tiene un aura. Está claro que el aura de un objeto, siendo inanimado, es mucho más sutil y leve, mientras que el aura de una persona es mucho más amplia porque, además de contener simple energía, también incluye las experiencias, los recuerdos y pura vida que un objeto por razones obvias no posee. Ver las auras es muy útil e importante para abrir nuestra mente y darnos cuenta de no saber, de que hemos ignorado durante toda nuestra vida otra parte del mundo de la que nos estábamos olvidando. Cuando decides ver algo, este se vuelve mucho más claro y visible, porque siempre ha estado ahí, sólo tenías que prestarle atención. De hecho, te darás cuenta de que, en el momento en el que decides ver las auras, estas empezarán a hacerse ver, mostrando la primera capa transparente y después ampliándose cada vez más. Mientras cuando las ignorarás y te olvidarás de ellas, desaparecerán y dejarás de verlas. Este fenómeno se produce todos los días para cada cosa: si ahora, por ejemplo, te pidiera nombrar todos los rasgos distintivos de la cara de tu madre, podrías no recordártelos y, con absoluta certeza, no sabrías describir todos los lunares u otras características de su cara con el número y la posición exacta, a pesar de conocer la cara de tu madre de toda la vida, después de haberla vista miles de veces. Ver las auras no es un don de unos pocos, sino un ejercicio que cada uno puede decidir hacer. El verdadero don es decidir ver la vida por lo que realmente es, en vez de ignorarla y pasar la vida dormido. Hay que admitir que ver las auras te hace sentir un poco especial, porque te estás abriendo a nuevos descubrimientos que mucha gente va a ignorar durante toda su vida, y está bien sentirse mejor que antes por reconocer que has hecho algo que muchos otros no saben hacer.

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Sin embargo, es importante aprovechar el entusiasmo de las primeras experiencias para seguir adelante y superar nuestras barreras, dándonos cuenta de que, después de la primera capa, existe la segunda, después de la segunda hay una tercera, y después de la tercera existen infinitos otros conocimientos a la espera de ser descubiertos. Demasiados espirituales cometen el error de pararse en el primer estrato y sentirse realizados, como si hubieran finalizado toda su búsqueda solamente por haber visto un hilo de aura. Esto no se acerca ni de lejos a lo que es la consciencia, porque estás decidiendo dormirte en una posición distinta respecto al punto en el que se han dormido todos los demás; aun así, sigues estando dormido.

La razón por la que creo que es importante ir mucho más allá de la apariencia del color se debe a que he podido constatar infinidad de veces que el significado que se asocia a un color del aura casi nunca coincide con la verdadera personalidad de la persona. El color del aura puede tener significados incluso muy importantes, por ejemplo, el color negro sin duda anuncia oscuridad y es muy raro verlo, pero no se puede decir lo mismo del aura blanca, ya que el primer estrato del aura de todas las personas, animales y objetos, es de color blanco transparente/gris. Así que, o todos somos buenos e iluminados, o hay algo más profundo que tenemos que considerar, superando las barreras del contentarse. Por lo tanto, está claro que no podemos basar nuestra seguridad solamente en el color de la energía de las personas, cuando deberíamos centrarnos mayormente en querer conocer más, antes que en convencernos que ya lo sabemos todo. La decisión de ver el aura, la de comprender cómo funciona y la de intentar influenciarla y modelarla a voluntad, son técnicas y por tanto acciones muy diferentes, pero dividiéndolas todo lo que hacemos es desmoronar una historia en mil piezas que luego no conseguiremos unir y comprender. En pocas palabras, nos estamos haciendo una sola pregunta entre tantas, para conocer una sola respuesta que sigue sin satisfacernos, porque para conocer la verdadera respuesta completa es necesario unirlas todas y de allí deducir su integridad. Para conocer realmente a una persona te harían falta años, pero si aprendes a conocer su aura, a percibirla y verla en todos sus niveles, entonces tu capacidad de estudiarla y reconocerla te sorprenderá, a ti y a las otras personas que se sentirán más apreciadas por tus atenciones.

Si decides excluir una capacidad, convencido de que las otras son más importantes, estás decidiendo una vez más cerrar tu mente y tapar tu vista. Te estás impidiendo conocer toda la verdad, contentándote con una sola y pequeña parte que a menudo incluso podría ser mal interpretada. Por esta razón, mi consejo es aprender a sentir las auras, pero al mismo tiempo elegir también verlas, para tener una visión más completa del verdadero significado y de la utilidad de nuestra energía más íntima y privada.
Independientemente de todo, ver las auras sigue siendo una técnica muy divertida porque puedes comprobar su veracidad desde el principio, dado que cualquiera puede verla sin hacer esfuerzos excesivos. Cuando empezamos un camino espiritual, debemos entender que no se puede tener todo de inmediato, creyendo obtener todas las respuestas el día después de haber empezado a hacerse las preguntas. Sin embargo, ver las auras te ofrece la posibilidad de obtener buenos resultados desde las primeras veces que practicas la visión, pudiendo ver al menos el primer halo transparente desde la primera sesión. Aconsejo empezar a establecer una buena relación con su propia aura, al menos empezando a verla, para comprender que existe, que no es una ilusión o un extraño rumor.

Verla te permite entender que es real y creer en ella, lo que desgraciadamente sería difícil sin poderla ni ver ni sentir. La técnica de percibir el aura es más compleja y avanzada, por lo tanto, empieza primero por la base y date las pruebas de su existencia. Mírate en el espejo y concéntrate. En el siguiente artículo te explicaré cómo verla, siguiendo los exactos pasos para conseguirlo sin esfuerzo. Después de eso, podrás continuar siguiendo este camino y aprender cómo mejorar tu aura, cómo comprender la de los demás, cómo reconocer a las personas que están intentando engañarte, mostrándote una capa de su aura ilusoria que nos lleva a formular un juicio equivocado sobre ellos; todo esto y mucho más. Será un camino divertido porque podrás jugar con tu aura y con la de los demás, pero sobre todo te permitirá alcanzar capacidades prácticas que, sin el uso de esta, podrías no llegar a entender nunca.

Fin de página 4 de 4. Si te gustó el artículo, comenta aquí debajo describiendo tus sensaciones al leer o practicar la técnica propuesta.

 

Este documento es la traducción del artículo original del sitio web Accademia di Coscienza Dimensionale: https://www.accademiadicoscienzadimensionale.com/archives/19841   

 

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