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6 – Matrix – Vivimos en un videojuego (parte 2)

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La Matrix es la vida que nos rodea, compuesta por escenarios que se nos muestran en un gran palco escénico.

La rutina que vivimos es Matrix, las personas que frecuentamos son Matrix, nuestras elecciones son Matrix.

Todo lo que vivimos cada día es más o menos ilusorio y, por lo tanto, se trata solamente de una gran actuación creada específicamente para ocupar nuestro tiempo y salpimentar nuestra vida. La Matrix es un gran videojuego en el que, cuando hemos decidido nacer en este planeta, hemos elegido el personaje que interpretar. Inicialmente escogimos su sexo, después su apariencia y, por último, la personalidad que debería tener y, por lo tanto, el tipo de vida que tendría que llevar para llegar a un lugar específico y en un momento preciso de nuestra vida: el momento en el que vimos ante nosotros la palabra “Despertar”. A partir de este punto, todo cambia. Estamos en una encrucijada en la que debemos elegir entre despertarnos, entender que toda nuestra vida ha sido una ilusión y que nada de lo que hemos experimentado es real, o creer en esa historia y dejarnos arrullar por ella, eligiendo vivir dentro de la Matrix durante el resto de nuestras vidas. Elegir reconocer la Matrix no requiere sacrificios, no te induce a renunciar a tu vida y a tus hábitos, ni a abandonar a las personas que amas, sino te lleva a distinguir quién eres de lo que es el personaje que te has inventado para jugar al videojuego que te ha proporcionado una vida ilusoria.

Reconocer lo que es la Matrix te permite comprender el sentido de todo lo que te sucedió y te sucede todos los días a pesar de que, dentro de ti, te das cuenta de que algo está mal. Vives tu vida aceptando cada situación que ocurre porque crees que no puedes cambiarla, convencido de que el videojuego en el que te encuentras es una realidad efectiva. Coges lo que viene sin siquiera preguntarte si está bien o mal, porque te sientes impotente ante la vida, no sabes que se puede cambiar y por eso ni siquiera tratas de encontrar una solución para conseguirlo, porque estás inhibido desde el principio. Pero por real que parezca, la Matrix sigue siendo solo una ilusión. Todo lo que ves y tocas, todo lo que puedes comer y oler, todo lo que no puedes ver ni tocar, pero que puedes probar: todo esto es Matrix, nada más que ilusión. La Matrix es el videojuego en el que estamos viviendo, por lo tanto, cada detalle que le pertenece es real hasta que estés dentro del juego, pero en realidad es solo una ilusión. Si eliges entenderlo, podrás tomar la Matrix como una gran sala de juegos donde podrás divertirte probando y jugando con muchas nuevas experiencias diferentes; si en cambio te lo tomas demasiado en serio, esto puede hacerte sufrir mucho, porque la computadora es un muy buen jugador.

En este planeta, todo lo que existe es Matrix. Tu teléfono es Matrix, como lo son tu tableta, tu escritorio, tu casa y tu propio cuerpo físico. Matrix es todo lo que vemos, oímos, tocamos y percibimos, por lo tanto, también animales y personas y no solo objetos o los distintos materiales, porque todo es parte de la Matrix. ¿Sabes cuando tienes un sueño lúcido? En el sueño lúcido puedes hacer todo lo que quieras, porque sabes que estar dentro de una ilusión te permite volar o crear escenarios en los cuales seguramente te divertirás; es solo fantasía, ¿no? Así que das vía libre a tu imaginación. La Matrix es como un gran sueño, pero en el que todos los seres vivos están durmiendo y, desafortunadamente, no se dan cuenta de que se trata solo de un sueño. Al contrario, todos creen estar realmente despiertos, por lo que viven el sueño como si fuera su vida real y sufren cuando los escenarios del sueño no son como desearían, a pesar de que sean ellos mismos los que los crean con su mente. La Matrix es como un sueño lúcido, pero hay quienes aprovechan el momento para divertirse y aquellos que no se dan cuenta de que están durmiendo, permaneciendo sometidos al sueño. En los sueños lúcidos hay animales y personas, pero esas no son reales. Tampoco en la vida de la Matrix todo lo que vemos existe realmente, aunque nos parezca vivo.

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La vida que vivimos todos los días es un gran sueño que podemos elegir convertir en lúcido y modelar como queramos, o seguir durmiendo y soportando todos los eventos que están más allá de nuestro control.

Aunque todos los días te levantas de la cama y piensas que estás despierto, en realidad sigues durmiendo en otro gran sueño que puedes elegir convertir en lúcido y positivo, en lugar de algo pesado y siempre lleno de problemas adicionales. Si bien el despertar del sueño nocturno te parezca muy rápido, el despertar de la Matrix requiere mucho más tiempo, porque te despiertas poco a poco, tomando cada vez más conciencia de lo que es real y lo que no. Se necesita tiempo y no te desesperes si no lo consigues enseguida, porque comprender que la vida en la que vivimos es una ilusión es mucho más complicado de lo que parece, ya que hemos nacido y crecido con el casco puesto en la cabeza que nos ha impuesto, desde siempre, creer que lo que vemos es la única realidad existente. También la religión y las distintas creencias que nos han inculcado desde el nacimiento están programadas para confundirnos, sin decirnos toda la verdad. Pero no podemos culpar a las otras personas que nos han crecido, educado o enseñado a creer y ser fieles a esta vida ilusoria, porque ellos tampoco saben que están durmiendo, y lamentablemente no todos quieren aceptar que se trata solamente de un sueño. Obligarles a convencerse de ello sería incorrecto, ya que todos deben ser libres de elegir y algunos, desafortunadamente, existen para no poder elegir, porque han nacido para vivir para siempre en la Matrix y nunca saldrán de ella. Sin embargo, esto no tiene que entristecernos porque cada uno existe por una razón y no tenemos que imponer la nuestra sobre los demás. Lo justo es que cada uno haga su propio camino independientemente de lo que digan o crean los demás.

Todos nosotros llevamos el casco que se llama regulador, pero podemos elegir quitárnoslo y vivir en la realidad todos los días y ponérnoslo de nuevo para jugar en la Matrix cuando nos es conveniente, o podemos elegir permanecer dormidos todos los días y olvidarnos, para siempre, que hay una realidad. Algunos quieren quedarse durmiendo para siempre y nosotros no podemos obligarles a despertarse, sin embargo, tampoco nos vemos obligados a seguirles y quedarnos durmiendo con ellos para complacerles. Elegir desabrochar el casco te permite decidir cuándo vivir en la realidad y cuándo abandonarte a la ilusión, por lo tanto, serás capaz de ver la vida como realmente es o como la viven y perciben todos los demás. En pocas palabras, desabrochar el casco te ofrece la libertad de elegir, una opción que no todos tienen. De hecho, la diferencia entre un eternamente dormido y el que intenta despertarse de la Matrix es que el primero no tiene elección: puede ver una sola realidad que es ilusoria y no tiene libre acceso a la verdadera realidad que está fuera de la Matrix. En cambio, el segundo trata de desabrocharse continuamente su casco, consiguiendo vislumbrar la verdad, hasta que no aprenderá del todo a quitárselo y verla por completo. Él tendrá acceso a la verdad, pero podrá elegir – todas las veces que quiera – vivir la vida ilusoria, junto a todos los demás. Los que eligen aislarse y destruir completamente su vida Matrix para dedicarse únicamente a la apertura obsesiva de su casco, probablemente no han entendido para nada el sentido de la vida. Vivir una vida Matrix es correcto, lo incorrecto es estar abrumado por ella sin siquiera saber cuál es la verdad.

Creer conocerlo todo y ser capaces de salir de la Matrix a la perfección también es una ilusión, porque no es para nada fácil salir de este videojuego y reconocer la verdad, ver realmente – con los ojos abiertos – sus códigos (y no solo en sentido figurado) y conseguir modificar los eventos de la Matrix para adaptarlos a tus intereses. Tomar conciencia de la Matrix está aún muy lejos de salir de ella, o por así decirlo, de despertarse, porque comprender que la Matrix existe es un nivel, pero cambiar sus códigos para adaptarla a tus necesidades es muy diferente. El que está dormido percibirá una larga ilusión durante toda su vida sin descubrir nunca nada más, mientras el que está consciente sabrá que es una ilusión y tratará de no sentirse mal cada vez que el juego parezca difícil; otros, sin embargo, decidirán desarrollar sus facultades psíquicas para quitarse el casco, ver la realidad, tomar las riendas de la Matrix y comandarla.

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Decir que sabes controlar tu vida y saber realmente comandar la Matrix son dos acciones completamente distintas. Cuando comprenderás lo que es la Matrix y aprenderás a modelarla según tus decisiones, de forma consciente, aún podrás decidir si quieres verla como la viven los demás o como es en realidad, pero finalmente esta será tu elección y ya no será la de alguien más. Ver la Matrix y, para así decirlo, salir de ella, no te convertirá en alguien distraído, aislado y solo, sino todo lo contrario: te sentirás mucho más unido al Todo de lo que te sientes ahora, te sentirás más feliz y amante de la vida, tendrás más ganas de despertarte por la mañana porque tendrás un propósito real que te motivará a actuar y avanzar con tus fuerzas, que ya no te faltarán. Quien dice que conocer la verdad te hace sufrir, se ha perdido en otra de esas ilusiones que hacen pasar por historias reales; la verdad está en la práctica, no en la teoría.

Todos los días, desde el nacimiento, sigues viendo la vida ilusoria que te fue puesta delante debido al casco que llevas, pero desde las cosas más pequeñas hasta las más grandes que componen tu jornada son mecanismos ilusorios creados por la Matrix que seguirán ofuscándote la visión de la realidad para toda tu vida, a menos que elijas usar la vista que pertenece a tu psique más evolucionada para ver y comprender la realidad. Tu casco, el regulador, te hace perfectamente adecuado para el videojuego en el que te encuentras, por lo que tú, como todos los demás jugadores, veis/vemos las mismas cosas a pesar de que sean ilusorias. Para entender esto, intenta pensar en un videojuego cualquiera que has jugado: mientras estás dentro del juego tienes que seguir sus reglas, por lo que no puedes abrir las puertas de las que no tienes las llaves, no puedes comprar artículos si no tienes suficientes monedas y no puedes subir de nivel si no completas las misiones de tu personaje. Obviamente no puedes entrar en el juego y subir de nivel con solamente desearlo o ganar monedas sin mover a tu personaje por el mapa, porque debes atenerte a las reglas del juego. Sin embargo, desde el momento en el que apagas el monitor, eres perfectamente consciente de que tu vida no es la del videojuego, por lo tanto, aunque en el juego no puedes abrir las puertas y acceder a las otras habitaciones, en tu realidad puedes abrir las puertas de tu casa, trasladarte a otra habitación, etc. Si tu personaje no tiene monedas no significa que tú, en la realidad, tampoco tengas dinero para comprar lo que quieres. Tú sabes que el videojuego que has jugado, aunque pueda ser muy bueno, está bien separado de tu vida real. El problema surge cuando tu obsesión por ese videojuego se vuelve demasiado fuerte, identificándote demasiado con el avatar que has elegido, sufriendo si pierdes el partido, enfadándote si no consigues subir de nivel e incluso estando dispuesto a gastar tu dinero real para “comprar” monedas virtuales que tu personaje pueda gastarse en ropa nueva, objetos o pociones mágicas del juego. Jugar a los videojuegos es muy divertido, pero no se deben confundir con la vida real hasta el punto de quitar de tu vida un material “real” para convertirlo en una propiedad de tu personaje virtual. Cuando una persona se olvida que el videojuego que está jugando es solo un pequeño programa entretenido que debería servir para relajarla un poco, y no para distraerla de la vida real, termina olvidándose de su personalidad y convirtiéndose en su personaje, viviendo para él, hasta reducir su vida social, cultural y real para pasar todo el tiempo jugando un juego ficticio.

Llegamos así al quid de la cuestión: el juego es un programa, una ilusión, porque el juego existe y es divertido, pero todo el mundo en su interior es solamente una representación gráfica diseñada por otra persona que creó una dimensión para pasar el tiempo allí. El juego existe, pero es una ilusión. Por ejemplo, el personaje de nuestro juego puede encontrar monedas y con ellas se puede comprar ropa u objetos que existen en el mundo del videojuego, pero estas monedas son ficticias, no son reales en esta dimensión física porque pertenecen únicamente a ese videojuego.

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Cuando apagamos el monitor, esas monedas o esa ropa comprada no aparecerán mágicamente en el armario de nuestra habitación, sino que permanecerán dentro del juego. Por lo tanto, esos indumentos no existen, son solo una ilusión. Dentro del videojuego el vestuario existe, porque el programa nos muestra la proyección realizada a la perfección y mientras jugamos realmente podemos creer en esa ropa y querer comprar y coleccionar cada vez más, pero cuando apagamos el monitor tenemos que darnos cuenta de que todo lo que hemos comprado en realidad no existe, porque se ha quedado dentro del juego y, por lo tanto, es ficticio. No debemos dejarnos hipnotizar por el juego y dejar que nos haga dormir. Puede parecer complejo de entender, pero la Matrix en la que nos encontramos es prácticamente lo mismo. Fuera de la Matrix no hay otra persona con el joystick en la mano tal como la conocemos nosotros y con el cual nos controla, pero hay una Conciencia más grande que nosotros, que es nuestro verdadero Yo, la cual observa nuestras acciones y trata de dirigir nuestras elecciones. Nuestra Conciencia, o Alma, que es lo que realmente somos, es muy diferente del personaje que estamos interpretando en este momento. Al igual que en un videojuego, hemos elegido en esta vida un personaje con una estética y un carácter muy distinto de lo que es nuestra verdadera Esencia, pero no sólo eso. El avatar que elijes para interactuar en ese juego puede ser completamente diferente de tu apariencia real: por ejemplo, pongamos que tú eres una persona que trabaja como médico, pero podrías elegir jugar un videojuego en el que eres un pequeño pez que tiene que nadar en todo el océano para encontrar las gemas preciosas que ha robado el pulpo malvado. En esta realidad eres completamente distinto de la imagen del pequeño pez, tu trabajo es diferente, tu propósito de vida es diferente, tu enemigo es diferente. Sin embargo, mientras juegas, te identificas con ese avatar, esforzándote realmente para nadar bien, encontrar todas las gemas y derrotar al pulpo enemigo. En otras palabras, tu Alma podría tener una apariencia muy distinta de lo que eres ahora, podría tener compromisos diferentes de tu rutina diaria y podría tener un propósito en la vida completamente opuesto al que tienes ahora.

¿Cuál es entonces el propósito correcto que seguir? El del Alma, por supuesto.

Cuando juegas a un videojuego eliges pasar unas horas resolviendo los problemas de tu avatar, poniendo todo tu esfuerzo para completar las misiones de tu personaje y conseguir los premios, pero la realidad es que, aunque tu pequeño pez encuentre las gemas, tú no has cambiado nada en tu vida real, no has aumentado tu salario, no has resuelto una disputa familiar ni encontrado un trabajo para tu hijo, porque las misiones en el videojuego no tienen nada que ver con tu vida diaria. Por la misma razón, tu vida cotidiana dentro de la Matrix podría ser muy diferente de la vida que lleva tu verdadero Yo; tus elecciones y tus “misiones” diarias hasta podrían no tener ningún valor para tu Alma y ser solamente un pasatiempo o una pérdida de tiempo. Este es el motivo por el que es necesario despertarse: para entender qué es lo que de esta vida, de este juego llamado Matrix, tiene realmente sentido para nuestra Alma y qué es lo que, en cambio, es solamente un juego inútil que nos está haciendo perder el tiempo. La Matrix es un videojuego muy realista al que hemos prometido excesiva lealtad, pero podemos elegir abrir los ojos y reconocer, comprender y vivir en la Matrix conscientes de que es una ilusión.

Todos nosotros estamos perfectamente sintonizados con la misma gran computadora llamada Matrix, razón por la que todos vemos las mismas cosas e intercambiamos la misma información; mientras estamos dentro del juego. Por eso todos podemos ver los mismos objetos que están dentro de una habitación, tocarlos y describirlos de la misma manera, pero esto no quita que sean ilusorios. Podemos describir un objeto exactamente como lo ven los demás, por lo que creemos que existe realmente y estamos segurísimos de que está allí, delante de nosotros; sin embargo, a pesar de nuestra seguridad, todo lo que nos rodea es una proyección que no existe en la verdadera realidad. Lo mismo vale para una persona o un acontecimiento: todos lo han visto y para todos es real, pero pertenece solamente a esta Matrix ilusoria.

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Hasta hoy has dormido y has vivido en un sueño que pensabas ser realidad, pero no te engañes, porque desde hoy seguirás viviendo dentro de la Matrix y no te despertarás del sueño solamente por haber leído un documento. Sin embargo, al tomar conciencia de la existencia de la Matrix, ya puedes comenzar a dar pequeños pasos hacia lo que será, si continuarás, un verdadero camino del Despertar. Cuando empezarás a abrir los ojos, verás que las paredes que estructuraban tu casa y que creías que limitaban el acceso a las energías, en realidad no son tan compactas, duras e impenetrables como parecía: notarás que el muro no existe realmente como parecía cuando estabas dentro del juego, al contrario, lo reconocerás como un conjunto de códigos que tu casco ha decodificado para mostrártelo así, al igual que a todos los demás que lo están llevando puesto en este momento. Elegir quitarse el casco no es una acción instantánea, no se puede quitar de un momento a otro, pero puedes elegir practicar para evolucionar y de este modo, poco a poco, aflojar la cinta y comenzar a adaptarte al aire fresco que entra desde el espacio creado en el casco para hacernos sentir el sabor de la libertad. Claramente, el casco es sólo una metáfora para hablar del regulador. Como todos los seres físicos en este mundo tienen un cerebro perfectamente sintonizado con la gran computadora llamada Matrix gracias al regulador, todos vemos y percibimos las mismas cosas. Sin embargo, en realidad nuestro regulador puede hacer mucho más que mostrarnos a todos la misma ilusión, pero hablaré de ello en los próximos artículos. ¡Sigue leyendo y no te olvides de la práctica!

Fin de página 5 de 5. Si te gustó el artículo, comenta aquí debajo describiendo tus sensaciones al leer o practicar la técnica propuesta.

 

Este documento es la traducción del artículo original del sitio web Accademia di Coscienza Dimensionale: https://www.accademiadicoscienzadimensionale.com/archives/4467

 

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